Eran las cuatro de la tarde cuando sonó el timbre. Sophie se acercó sin mucha prisa a la puerta. Por la mirilla observó a un chico con un gorro de lana azul, vestido bastante formal, y con una carpeta en la mano. Por sus cejas se intuía que era pelirrojo, su barba, también pelirroja, estaba recortada al estilo chinstrap. Con algo de recelo, Sophie abrió la puerta. Eran las nueve de la noche.
— ¿Hola?
—Hola, buenas tardes, estaba buscando a Rocky, Rocky Dong. —El joven parecía serio.
—Vive en la casa de al lado. A la derecha. La amarilla.
—Lo sé. Lo que pasa es que le tenía que dejar un sobre importante y no está. ¿Se lo puede dar usted por mí?
Se hizo un pequeño silencio. La chica dudó.
—Es que mañana tengo que viajar y es importante. —Continuó el extraño tras la puerta.
Rápidamente Sophie reaccionó:
—Claro, no hay problema.
El chico sonrió y estiró la mano entregando la carta. Cuando Sophie se dispuso a cogerla, este, con un veloz movimiento, se puso tras ella. Con el antebrazo derecho rodeó su cuello y con la pierna derecha cerro de un puntapié la puerta.
—Ahora ponte de rodillas, y no grites, ni te muevas —dijo el chico mientras, sin soltarla, bajaba lentamente hasta el suelo con ella.
Luego, en cuestión de segundos, entrelazo ambas manos y con el antebrazo apretó la yugular de la joven hasta que esta desfalleció.
Guau. Nada más que añadir
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