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Destino: muerte


                                                                                                Howard Street, Toronto, Ontario, Canadá.


Evangeline se encontraba en la cocina preparándose un sándwich de chorizo. Cuando se acercó a la nevera a por un zumo sonó la puerta. Extrañada, miró el reloj de la cocina.  Eran las diez y cuarto, no esperaba a nadie. Se acercó a la puerta desconfiada y echo un vistazo por la mirilla. Vio a un chico joven, con un gorro de lana azul.
— ¿Quién es? —dijo Evangeline a través de la puerta.
—Soy Marlon, busco a Marcus.
—No vive aquí, vive en el segundo.
—Lo sé. Lo que pasa es que tengo que darle un dinero porque me voy de viaje y no esta en casa. ¿Se lo puedes dar tú?
Aún hablaban a través de la puerta. Evangeline dudó unos segundos pero terminó abriendo la puerta.
—Error —susurró el chico del gorro de lana azul.
En menos de cinco segundos se abalanzó sobre Evangeline y, dejándola inconsciente con una técnica de estrangulación, el joven se apresuró a inyectarle una sustancia sedante, ya que sabía que en menos de un minuto recobraría la razón tras el estrangulamiento.
Cuando Evangeline se despertó, se encontró en medio de su salón, atada de manos y pies a una silla. Frente a ella vio al chico del gorro con una revista en la mano.
—Hasta que por fin te despiertas dormilona —dijo Marlon levantándose y dándole palmaditas en la cara.
Evangeline comenzó a gritar, pero se dio cuenta de que se lo impedía una mordaza que tenía en la boca. Enseguida entró en pánico, el corazón le latía a toda velocidad.
—Antes que nada quiero que te tranquilices. Tengo que informarte de que vas a morir, hagas lo que hagas, así que no me des la brasa si no quieres que sea lento y doloroso.
Esto no hizo más que ponerla más histérica aún. Le temblaba todo el cuerpo. Después de seis minutos de gritos ahogados, se desmayó. Marlon puso cara de resignación y la zarandeó hasta que esta volvió en sí.
— ¡Me estas poniendo nervioso, como sigas haciéndome perder el tiempo te voy a ir cortando los dedos, uno por uno!
La chica volvió a desmallarse.
Desesperado, Marlon aprovechó el tiempo. Llevaba unos guantes de cuero negro. Dio varias vueltas a la casa en busca de algo interesante, encontró un trofeo en forma de bailarina, luego rebusco en los cajones y encontró varias fotos de la chica con familia y amigos.  Cogió el trofeo, las fotos en las que aparecía Evangeline sola y un pato amarillo que encontró en la bañera, y los metió en una mochila roja con asas azules. Luego fue a la cocina y cogió el cuchillo más grande que encontró, lo llevó al salón y lo dejo encima del sofá, de paso observó que Evangeline se había despertado y seguía temblando.
—Escucha bien lo que te voy a decir —susurró el chico del gorro, acercándose a la cara de Evangeline —. El destino, aleatoriamente, ha decidido que ha llegado tu hora. Yo soy el encargado de que esto suceda. Te haré coger de esta bolsa —dijo sacando de su mochila una bolsita negra—, un papelito.
Evangeline no movió ni un músculo.
Los papelitos tenían, por escrito, diferentes formas de muerte.
—Antes de efectuar la ejecución te daré cinco minutos para despedirte de quien quieras, yo lo escribiré por ti y me encargare de que le llegue a tu familia. Ahora te voy a quitar la mordaza y no vas a gritar. En caso de que lo hagas pienso matarte de la peor forma que puedas imaginar y luego iré a por tu familia.
La verdad es que esto último era un farol. El asesino sabía que iba a ser bastante difícil y arriesgado localizar a la familia de Evangeline y mucho más asesinarla. Tampoco tenía la intención de esforzarse en hacerlo. Esperaba que esta se lo tragara, y así fue.
—Asiente si has entendido todo y si te vas a portar bien.
Evangeline asintió. Marlon le quitó la mordaza y observó la cara llorosa de la chica, esta tenía las marcas rojas que le había dejado la mordaza a ambos lados de la cara.
— ¿Dónde puedo encontrar un boli y una hoja?
—En mi cuarto…el primero a la izquierda —dijo Evangeline con voz temblorosa—. Encima de la estantería…
 Marlon se levantó y volvió a ponerle la mordaza. Cuando este se levantó a por el papel y el boli, Evangeline aprovecho para pensar en cómo salir de esa situación. Pensó que no tenía opciones. Miró el teléfono y vio que estaba bastante lejos, apenas podía respirar, mucho menos llegar hasta el teléfono. Notaba como la cabeza le estaba a punto de estallar. Entró Marlon.
—A ver, rápido —dijo Marlon retirándole la mordaza de la boca—, dime a quien irá dirigida la carta y lo que quieras decir. Tienes cinco minutos.
 No pensaba dejar la carta en ningún lado, era simplemente una colección. Evangeline  le dijo que iría dirigida a su madre y a su hermana. Con gran esfuerzo dictó, y Marlon escribió:

      "No sé cómo empezar esta carta. Cuando la leas será, seguramente, porque ya no esté viva. No te puedo decir mucho más. Solo quería despedirme. Quiero que tú y Carla estéis bien, que no sufráis por mí. Seguir con vuestra vida, que es lo que me hubiera gustado. Siempre estaré con vosotras."

Para Marlon, la carta había quedado bastante escueta. El problema fué, que mientras Evangeline dictaba, no paraba de lloriquear y tartamudear. Estuvieron en total doce minutos.
—Bueno, el primer paso está dado.
Marlon observó que Evangeline estaba como ausente. Supuso que ya había aceptado su destino, que ya había aceptado que iba a morir. No necesitó si quiera taparle con la mordaza.
—Bueno, suerte —dijo Marlon acercándole la bolsa de lana—. Ah, espera, perdón.
Marlon se había olvidado de liberarle una mano para poder coger el papelito. Con la mano izquierda ya libre, y temblorosa, la chica procedió a meterla en la bolsa. Sacó un papel pequeño doblado en cuatro partes. Marlon sonrió y cogió de la mano de la chica el papel. Abrió el papel he hizo un gesto despreocupado.
—Bien, vamos a ello. — Se acercó a la chica y cortó las cuerdas que la envolvían, con el cuchillo que dejó encima del sofá.
El papel que, segundos antes cogió Evangeline, contenía una sola frase: *AHOGAMIENTO CON AGUA EN BAÑERA*
Marlon cogió a la chica por el brazo y la levantó, entonces ella empezó con lo que se temía Marlon.
—Por favor no me hagas daño, dime…que quieres... ¿Dinero?... Te conseguiré lo que quieras pero, por favor, no me hagas daño. No diré nada… No me he fijado en tu cara… No sé cómo eres…
La chica continuó con las súplicas mientras Marlon, ignorándola, la llevaba hacia el baño. La sentó en el váter y comenzó a llenar la bañera, mientras lo hacía, la chica continuaba con las súplicas. Cuando ya estuvo llena, cogió a Evangeline del brazo y la arrodillo frente a la bañera. En los siguientes diez minutos y antes de que Evangeline pudiera reaccionar, Marlon introdujo su cabeza en la bañera y la mantuvo, con algo de esfuerzo, dentro hasta que su frágil cuerpo dejó de moverse y desfalleció, quedando así silenciada para siempre.

Chinstrap

                                                                                 West Avenue, Buffalo, Estados Unidos.


Eran las cuatro de la tarde cuando sonó el timbre. Sophie se acercó sin mucha prisa a la puerta. Por la mirilla observó a un chico con un gorro de lana azul, vestido bastante formal, y con una carpeta en la mano. Por sus cejas se intuía que era pelirrojo, su barba, también pelirroja, estaba recortada al estilo chinstrap. Con algo de recelo, Sophie abrió la puerta. Eran las nueve de la noche.
— ¿Hola?
—Hola, buenas tardes, estaba buscando a Rocky, Rocky Dong. —El joven parecía serio.
—Vive en la casa de al lado. A la derecha. La amarilla.
—Lo sé. Lo que pasa es que le tenía que dejar un sobre importante y no está. ¿Se lo puede dar usted por mí?
Se hizo un pequeño silencio. La chica dudó.
—Es que mañana tengo que viajar y es importante. —Continuó el extraño tras la puerta.
Rápidamente Sophie reaccionó:
—Claro, no hay problema.
El chico sonrió y estiró la mano entregando la carta. Cuando Sophie se dispuso a cogerla, este, con un veloz movimiento, se puso tras ella. Con el antebrazo derecho rodeó su cuello y con la pierna derecha cerro de un puntapié la puerta.
—Ahora ponte de rodillas, y no grites, ni te muevas —dijo el chico mientras, sin soltarla, bajaba lentamente hasta el suelo con ella.
Luego, en cuestión de segundos, entrelazo ambas manos y con el antebrazo apretó la yugular de la joven hasta que esta desfalleció.